Se cree que algunas culturas mesoamericanas hacían sacrificios humanos, dichos sacrificios servían para que la vida pudiera seguir prosperando cada día, conservaban los cráneos como trofeos y los mostraban durante los rituales que simbolizaban, según sus creencias religiosas, la muerte y el renacimiento. Una representación actual de estas tradiciones es la ofrenda mexicana de día de muertos o altar de muertos, producto del sincretismo cultural en las cuales las catrinas y calaveras de alfeñique son escenciales dentro de los elementos del altar, representan a la muerte misma y el recuerdo de los seres queridos o conocidos que ya no están en el mundo material.

Esta serie de dibujos es parte de un concepto general, la ofrenda del día de muertos, con la cual se rinde culto a la vida. Los elementos de esta “ofrenda” se ofrecen para revivir el recuerdo de aquellos que ya no pertenecen al mundo físico y abrir la frontera que nos separa de su mundo espiritual.

Diez retratos que representan un Tzompantli (Hilera de cráneos)

La exposición consta de una serie de quince dibujos, entre los cuales, diez retratos que representan un Tzompantli (Hilera de cráneos) y cinco representando la catrina y la ofrenda de día de muertos. La técnica utilizada para la mayoría de los dibujos es grafito y carboncillo sobre papel.

Esta obra está compuesta por la yuxtaposición de elementos gráficos que se mezclan para crear un plano mixto. Las imágenes sugieren un juego visual en el cual sus protagonistas se proyectan en un discurso gráfico simultáneo.

Los lindes son los límites imaginarios que separan la vida de la muerte, y los calvarios hacen referencia a los personajes principales de la exposición, las calaveras. La representación gráfica de esta obra se basa en la interpretación de las tradicionales calaveras y catrinas, enmarcadas dentro de las festividades de todos los santos y día de muertos en México y que tiene su origen en antiguas tradiciones prehispánicas. Lindes y Calvarios es una ofrenda a la vida a través de la muerte.

 Es una verdad sincera

nos dice esta frase que sólo

el ser que no nace 

     no puede ser calavera.

  Don Antonio Vanegas Arroyo

 

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